Alexander
F. Skutch nació el 20 de mayo de 1904 en Baltimore, Maryland, EE.UU.
Pocos días antes de cumplir 100 años, el 13 de mayo de 2004 murió
en su finca Los Cusingos. Ya desde su infancia se empezó a manifestar
su curiosidad y sensibilidad por animales, plantas y en general,
por toda la naturaleza que le rodeaba. Estas actitudes que se verían
reforzadas posteriorrmente con estudios y observaciones más profundas,
durante su formación y viajes al trópico americano.
A los 16 años, después de leer la poesía y ensayos de Shelley, decidió
hacerse vegetariano. Inicialmente, la razón se fundamentaba en el
amor y afecto que sentía por los animales. Más tarde encontró razonamientos
científicos que lo respaldaron; como él mismo indica, "posiblemente
una de las principales causas de la destrucción de las selvas tropicales
es el deseo de sembrar pasto para la ganadería. Ciertamente esta
es una forma poco económica de proveer alimento al ser humano".
A los 17 años ingresó en la Universidad John Hopkins, en Baltimore,
donde recibió el título de bachiller en botánica en el año 1925.
En 1926 viajó a Jamaica a realizar un estudio sobre la anatomía
de la hoja del banano en una plantación de la United Fruit Company
(UFC). En 1927 publicó su tesis doctoral titulado "Anatomy
of Leaf of Banana, Musa sapientum L. Var. Hort. Gros Michel",
por la que recibió el doctorado en botánica en 1928. Ese mismo
año obtuvo una beca para continuar sus investigaciones sobre el
banano en otra de las estaciones experimentales de la UFC, cerca
del Puerto de Almirante en Panamá.
Estos fueron sus primeros contactos que tuvo con la naturaleza tropical
y especialmente con las aves tropicales americanas que lo absorverían
por el resto de su vida. Dedicó más de 60 años al estudio
de sus hábitos de vida (comportamiento social, reproducción, anidación,
alimentación, etc.).
A comienzos de los años 30 viajó a Honduras, Guatemala, Ecuador,
Venezuela y Costa Rica. El resultado de estos viajes era una abundante
producción escrita sobre flora y avifauna tropicales, gracias a
sus observaciones e investigaciones. Su labor fue ampliamente
reconocida en publicaciones de historia natural (revistas y boletines
sobre botánica, ornitología y reino animal) y posteriormente en
libros patrocinados por sociedades ornitológicas, universidades
norteamericanas y otras instituciones conservadoras de la naturaleza.
En 1935, se trasladó a Costa Rica, a El Valle del General, para
cumplir con contratos para coleccionar plantas para museos y jardines
botánicos de EE.UU y Europa. Esto le proporcionaba el dinero suficiente
para desarrollar diferentes estudios sobre las aves. Aquí residió,
con ausencias cortas, en los años posteriores.
En 1941 se estableció definitivamente en Quizarrá de Pérez Zeledón,
donde compró una finca al lado del río Peñas Blancas y la llamó
"Los Cusingos", por el nombre local del tucancillo piquianaranjado
(Pteroglossus frantzii). La finca constaba de bosque primario,
bosque secundario y además tierras ya desmontadas donde podía cultivar
en pequeña escala.
Vivió aquí por más de 60 años, dedicado a estudiar las aves y a
reflexionar sobre el comportamiento animal y humano. Aquí encontró
el lugar idóneo que le permitió llevar un estilo de vida coherente
con su filosofía y su esencia de naturalista. Y aquí desarrolló
su prolífica labor como escritor, plasmando toda su sabiduría y
humanidad en más de 35 libros y cientos de artículos sobre ornitología,
botánica y filosofía.
En 1950 se casó con doña Pamela Lankester, hija del naturalista
y cafetalero inglés Charles H. Lankester, fundador del Jardín Botánico
Lankester en Cartago. Doña Pamela demostró un profundo amor y respeto
por don Alexander, como él mismo reconoció, "al abondonar su comodidad
para vivir con simplicidad en una finca donde faltaban muchas cosas
que la gente urbana, como ella, considera indispensables". Fue una
persona entrañable, de gran valor humano, reconocida y querida por
todos aquellos que tuvieron oportunidad de compartir momentos y
conversación con ella. Pamela Lankester murió en junio de 2001.
Relación
con el Centro Científico Tropical (CCT)
y la Asociación Ornitológica de Costa Rica (AOCR)
Don
Alexander se incorporó como socio del CCT, en el año 1964, organización
en que ocupó cargos en la junta directiva en dos períodos. Pudo
conocer los valores y seriedad de esta organización. En 1993, consciente
de su avanzada edad y preocupado por el destino de su bosque, el
Dr. Skutch se acercó al CCT. Gracias a la National Fish and Wildlife
Foundation, Weeden Foundation, Tara Foundation, Friends of the Monteverde
Cloud Forest y contribuyentes individuales, el CCT le compró la
finca Los Cusingos al Dr. Skutch y permitió que él y su esposa continuaran
viviendo allí. Con el propósito de proteger y honrar el esfuerzo
de toda una vida del Dr. Skutch por conservar la naturaleza, el
CCT ha convertido Los Cusingos en un santuario para aves. En 1999
el Centro reconoció nuevamente el mérito de don Alexander al construir
el Laboratorio de Investigaciones Alexander Skutch en su Reserva
Biológica Bosque Nuboso Monteverde.
Don Alexander también dio su apoyo a la fundación de la AOCR.
A los 89 años se hizo presente en la reunión fundante en 1993 y
fue nombrado "presidente honorario", título que siempre mantuvo.
Don Alexander contribuyó con la revista Zeledonia (1998:1),
con el artículo, "Comportamiento de una pareja de guacos", en el
cual explicó que "el guaco no ataca otras aves sino las beneficia
disminuyendo el número de culebras que toman sus huevos y pichones".
Aportes
a la Ciencia
Quizás
el aporte más importante que don Alexander hizo a la ornitología
han sido los estudios completos de los hábitos de vida de cerca
de 300 aves del trópico americano, incluido el quetzal, "ave de
belleza superlativa", según sus palabras. Además, demostró que la
procreación de las aves tropicales es más lenta que la de las mismas
familias del norte; estudió y observó la dispersión de las semillas
por parte de las aves y algunos mamíferos.
El estudio de las aves fue su prioridad pero no por ello dejó escapar
cuaquier observación descriptiva y de comportamiento sobre otros
animales (mamíferos, insectos, reptiles, etc.) en los ecosistemas
tropicales que exploraba. Con sus observaciones pacientes y reflexivas,
consiguió definir las asociaciones e interacciones que establecen
algunos animales con el medio que les rodea.
Es obligado resaltar su importante contribución a la botánica. Sus
estudios y recolecciones de plantas en el trópico para diferentes
museos y jardines botánicos, dio como resultado el descubrimiento
de especies florísticas desconocidas para la ciencia. Es relevante
su estudio sobre el sistema de reproduccion cruzada del aguacatillo
(Persea caerulia) y sus estudios sobre el guarumo (Cecropia
sp.). En reconocimiento por sus importantes aportes a esta ciencia
muchos autores han dado el nombre de skutchii a las especies
de plantas que descubrieron.
La
capacidad observadora, reflexiva y humana de don Alexander
también daría origen a la producción de numerosos textos de filosofía
y ética, reflejo de sus experiencias personales sobre la vida animal
y vegetal.
Tan importante como su obra escrita de naturalista y filósofo, para
los centroamericanos, especialmente los costarricenses, y en general
para cuantos amen la naturaleza, ha sido la propia vida de Alexander
Skutch, verdadera encarnación de sus ideales y estilo de vida, narrada
en sus libros: La Finca de un Naturalista, Un Naturalista en
Costa Rica, The Imperative Call, entre otros, libros de gran
poder descriptivo y gran valor natural, cultural e histórico.
Unas palabras recogidas en su libro The Imperative Call definen
claramente su esencia de vida: