Don Alexander Skutch, el Naturalista

Carlos Raabe Cercone

Es incuestionable el enorme aporte que don Alexander Skutch le ha dado a la ornitología a lo largo de tres cuartos de siglo, especialmente en lo que respecta al estudio del comportamiento de las aves de la América tropical. Sin embargo, se tiende a olvidar que dentro de su programa de estudios universitarios, las aves, como él mismo lo indica en algunos de sus libros, estuvieron prácticamente ausentes. Don Alexander no tuvo estudios formales en ornitología. Su formación académica fue en botánica, en la Universidad John Hopkins, donde recibió el doctorado en 1928, a los 24 años de edad.

Como es lógico, sus primeros trabajos fueron en el campo de la botánica. Mientras cursaba su carrera universitaria, dedicó varios de sus períodos de vacaciones a colaborar, como asistente en investigaciones realizadas en la costa del Estado de Maine. Estas pretendían determinar el efecto de las mareas sobre las algas y otros tipos de plantas.

Su primer viaje al Trópico, específicamente a Jamaica, se realizó en 1926, es decir, antes de su graduación, y tuvo como objetivo investigar la anatomía de la hoja del banano.

Sus siguientes dos viajes le permitieron continuar sus estudios sobre la anatomía y fisiología de la planta del banano y, al igual que el primero, fueron patrocinados por la United Fruit Company. En su primer viaje, de noviembre de 1928 hasta mediados de 1929, estuvo en la zona de Almirante, en la costa Atlántica de Panamá. Su segundo se extendió desde abril de 1930 hasta principios de 1931, y tuvo como destino la costa norte de Honduras. Es interesante indicar que su pasión por las aves despertó al inicio de su estadía en Panamá; hasta entonces sólo habían sido para él "un interés subordinado".

Desde febrero de 1932 hasta enero de 1934 permaneció la mayor parte del tiempo en Guatemala, dedicado al estudio del comportamiento de las aves. Sin embargo, aún durante ese período, hizo envíos de muestras de plantas a centros académicos de los Estados Unidos.

Entre julio de 1934 y enero de 1935 fue contratado como recolector de plantas por el Arnold Arboretum de la Universidad de Harvard, y concentró sus actividades en el Altiplano de Guatemala. Este trabajo de recolección de muestras botánicas fue tan relevante que varias especies nuevas fueron bautizadas con su nombre. En los relatos sobre sus exploraciones en Guatemala incluídos en el libro The Imperative Call, hace mención de dos de ellas: una Gesneraceae de bellas flores, la Kohleria skutchii, y una Asteraceae, el Cirsium skutchii. Sin embargo, la lista de plantas de Guatemala y del sur de Mexico que recibieron su nombre es mucho mayor y comprende, entre otras, una palmera del sotobosque, la Chamadorea skutchii, un roble, el Quercus skutchii, así como el Acer skutchii, conocido como Arce Guatemalteco, Arce Mexicano o Arce de Skutch, el Prunus skutchii y la Rosaceae Buddleia skutchii.

Desde agosto de 1935 hasta setiembre de 1940 residió en Costa Rica, la mayor parte del tiempo en el Valle de El General, donde combinaba la recolección botánica con el estudio de las aves. El envío de muestras de plantas a museos y jardines botánicos de los Estados Unidos y Europa constituyó, durante este período, su única fuente de ingresos.

En setiembre de 1940 fue contratado durante seis meses por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos como botánico entre un grupo de expertos para evaluar las existencias de árboles de Hevea o caucho, en la sección occidental de la cuenca del Amazonas y en la provincia ecuatoriana de Esmeraldas, experiencias que relata vívidamente en sendos capítulos de uno de sus libros mas conocidos, A Bird Watchers Adventures in Tropical America.

Después de esta expedición regresó al Valle de El General en donde invirtió buena parte de sus ahorros en la compra de la finca que luego denominó Los Cusingos y en la construcción de su vivienda.

El interés de Don Alexander por las plantas de toda índole se refleja en el gran número de intercalaciones de carácter botánico que introduce en sus libros y que, la mayoría de las veces, resultan extraordinariamente amenas. Algunos capítulos de varios de sus libros tienen una total orientación botánica. Podemos mencionar el capítulo denominado "Las vidas de algunas flores tropicales" del libro Un Naturalista en Costa Rica, el de "Flores curiosas" de A Naturalist Amid Tropical Splendor, en que describe algunas flores de Los Cusingos, especialmente la Aristolochia pilosa, o el de "Hojas versátiles" de este mismo libro.

Adicionalmente, en el Capítulo 4 del libro Life Ascending, llamado "Plantas sustentadoras de la vida", describe el proceso de evolución de las plantas, dándole énfasis a la importancia del proceso de fotosíntesis.

Los largos años de trabajo como recolector de muestras botánicas en el sur de Costa Rica generaron un gran número de especies adicionales bautizadas con su nombre. En esta larga lista se cuentan desde dos especies de helecho, Megalastrum skutchii y Diplazium skutchii, hasta una conocida Laurácea, la Ocotea skutchii. Otras especies de la lista son: Phyllanthes skutchii, Sanchezia skutchii, Acalipha skutchii, Rudgea skutchii, Mikania skutchii, Dicliptera skutchii, Scleria skutchii, Hesteria skutchii, Cordia skutchii, Costus skutchii, Ilex skutchii, Ipomea skutchii y Croton skutchii. Incluso, una especie de Morácea fue asignada a un nuevo género que recibió su nombre, la Skutchia caudata, aunque luego se descubriría que la especie ya había sido descrita.

Pese al enorme y reconocido trabajo de don Alexander como ornitólogo, es particularmente llamativo que sólo una especie de ave haya sido denominada con su nombre. Esta, la Skutchia borbae (Pale-faced Bare-eye), es un formicárido endémico de Brasil.

El hecho de que su formación profesional y sus primeras actividades laborales fueran como botánico posiblemente explique por qué don Alexander tendió a definirse como un  Birdwatcher u observador de aves o como un "naturalista", pero no como un ornitólogo. Aunque desde los 24 años la pasión de don Alexander fueron siempre las aves, su marcada tendencia a definirse como naturalista es muy interesante. Puede también ser un indicio de su interés por la naturaleza y los procesos naturales no circunscrito a un solo grupo de seres vivos. Sus libros, aunque enfocados básicamente hacia las aves, no sólo están llenos de referencias sobre plantas, sino que abundan en relatos de experiencias con otros seres vivos, ya sean mamíferos, insectos, reptiles o peces.

Entre sus muchas observaciones acerca de los mamíferos está un capítulo denominado "Pequeños mamíferos" en La Finca de un Naturalista, en que describe las especies más frecuentes en Los Cusingos, concentrándose particularmente en la guatusa (Dasyprocta punctata). En Un Naturalista en Costa Rica aparecen varias menciones sobre la martilla o kinkajú (Potos flavus) que resultan particularmente interesantes, ya que parecen reflejar una gran dosis de aprecio por este carnívoro de hábitos alimenticios tan atípicos. En The Imperative Call describe algunos contactos con un par de armadillos y un joven pecarí o zaíno (Tayassu tajacu) en Honduras, así como el comportamiento de un coatí o pizote (Nasua narica) cautivo, observado en Ecuador.

Las descripciones sobre insectos son también relativamente frecuentes y entre ellas pueden citarse el capítulo denominado "Cooperación con hormigas" de La Finca de un Naturalista, en que describe su relación, hasta cierto punto amistosa, con las hormigas zompopas (Atha) o el llamado "Mariposas" del libro Origins of Nature's Beauty. En Un Naturalista en Costa Rica, dos capítulos están dedicados a los insectos. En el 19, "Insectos sociales, sus hogares y enemigos", describe varias especies de hormigas y avispas, entre ellas, las hormigas del género Eciton conocidas en Costa Rica como "arrieras", mientras que en el 21, denominado "Mariposas y polillas" explica, entre otros aspectos, las migraciones de las mariposas del género Urania.

Las referencias sobre animales acuáticos, aunque no inexistentes, son mucho menos frecuentes. Entre ellas se tiene una detallada explicación sobre las especies de peces que habitan el río Peñas Blancas a su paso por Los Cusingos, que aparece en el capítulo "El cauce rocoso" de La Finca de un Naturalista.

En lo que se refiere a reptiles, existen, en casi todos sus libros, infinidad de menciones acerca de las serpientes pero, en su gran mayoría, de carácter totalmente negativo. Resulta particularmente llamativo su odio hacia estos animales a los que consideró aberraciones de la evolución y a los que reconoció haber eliminado siempre que se le presentó la oportunidad. Sólo durante su estadía en la Isla de Barro Colorado en Panamá en 1935, menciona haber matado tres serpientes mica en los nidos de una pareja de Ramphocelus dimidiatus, y a una cuarta en un nido de Cacicus cela. Este odio hacia las serpientes puede parecer contradictorio en una persona que valora a los seres vivos por sobre todas las cosas. De hecho, su amor por los seres vivos lo llevó a convertirse en vegetariano a partir de los 15 años. Una frase suya nos permite entender los justificantes de dicha actitud: "las serpientes se han derivado de ellos -los reptiles ancestrales- por especialización con degeneración, las aves por un avance creativo largo y complejo". El papel tan importante de algunas especies de serpientes como predadoras de aves jóvenes tuvo un impacto totalmente negativo en la imagen de don Alexander sobre todo este grupo de animales.

Pese a su interés por los seres vivos de cualquier tipo, no podríamos considerar a don Alexander como ecólogo. Podrían incluso ser consideradas como anti-ecológicas sus creencias tan firmes en la superioridad de lo que él denominó seres "perceptivos", como son las aves y los mamíferos, respecto a otros seres vivos, y su tendencia a considerar la predación como una desviación negativa de la evolución.

En lo que respecta a otros temas, los libros de don Alexander contienen gran cantidad de indicaciones detalladas sobre diferentes aspectos del clima de las regiones tropicales y templadas, y hasta una completa descripción del sistema solar, en la que analiza las características de cada uno de los planetas, demuestra lo poco propicios que son todos ellos para el desarrollo de la vida, y recae, finalmente, en la singularidad de la Tierra. Esta sección de divulgación astronómica ocupa toda la primera parte del libro Life Ascending.

Aunque don Alexander no puede ser considerado un científico social, algunos de sus libros abundan en observaciones históricas, sociológicas y antropológicas de gran perspicacia e interés. Debemos recordar que don Alexander vivió casi todo el proceso de colonización del Valle de El General como un observador de primera mano, y en sus libros La Casa de un Naturalista y Un Naturalista en Costa Rica, hay un gran número de referencias y opiniones que resultan muy valiosas para el historiador que desea investigar ese período. También en ambos libros hay muchos apuntes de gran interés sobre los hábitos y costumbres de los campesinos que tenía como vecinos. La mayoría de ellos llaman la atención por su objetividad, ya que, a diferencia de algunos sociólogos y antropólogos extranjeros que describieron a la Costa Rica de la primera mitad del Siglo XX, no tiende a concentrarse sólo en lo positivo,sino que detecta y describe una serie de costumbres y rasgos culturales que considera negativos. A modo de ilustración, anota aspectos tales como la falta de higiene personal de sus vecinos, que se regían por el dicho de que "es mejor tierra en cuerpo que cuerpo en tierra".

También critica sus hábitos alimenticios, especialmente el excesivo consumo de manteca de cerdo. A su vez, queda impresionado positivamente por la honradez de la gran mayoría de ellos, aunque no logra entender como estas personas pueden conciliar ese grado tan alto de honradez con una tendencia tan elevada a la mentira y el chismorreo. Tal como él mismo dice, a él, formado bajo la creencia popular de "enséñame un mentiroso y te mostraré un ladrón", esta coexistencia de la honradez y la falta de sinceridad en los campesinos ticos le resulta casi imposible de entender.

Por último, debe mencionarse que don Alexander también incursionó en el campo de las letras y que escribió una serie de cuentos publicados bajo el nombre de Cuentos de un Naturalista, en los que reafirma sus puntos de vista sobre la

naturaleza utilizando hechos y personas ficticiosas. Esos mismos puntos de vista también afloran continuamente en su novela corta denominada Merenda: Un Romance en las Selvas del Trópico.
En esta breve reseña, hemos dejado de lado, a propósito, varias otras facetas importantes de la producción escrita de don Alexander. Sus contribuciones en los campos de la filosofía y la ética son también muy valiosas, al igual que su particular teología, la cual plantea como objetivo final de la evolución, el desarrollo de seres capaces de apreciar la naturaleza, poseedores de lo que él denomina la "mente apreciativa".

Aunque don Alexander es considerado corrientemente como un ornitólogo, su producción bibliográfica es definitivamente de tal amplitud temática que tenemos que llegar a la conclusión de que su misma auto-clasificación como "naturalista" se ha quedado definitivamente muy corta.

Libros mencionados

Skutch, Alexander F. 1992. The Imperative Call: a Naturalist Quest in Temperate and Tropical America. Gainesville, Florida: University Press of Florida.

Skutch, Alexander F. 1997. A Bird Watcher's Adventures in Tropical America. Austin, Texas: University of Texas Press.

Skutch, Alexander F. 1992. A Naturalist in Costa Rica. Gainesville, Florida: University Press of Florida.

Skutch, Alexander F.1987. A Naturalist Amid Tropical Splendor. Iowa City, Iowa: University of Iowa Press.

Skutch, Alexander F.1985. Life Ascending. Austin, Texas: University  of Texas Press. [El ascenso de la vida. San José, Costa Rica: Editorial Costa Rica, 1991].

Skutch, Alexander F. 1985. La Finca de un Naturalista. San José, Costa Rica: Asociación Libro Libre.

Skutch, Alexander F. 1984. Origins of Nature's Beauty. Austin, Texas: University of Texas Press.

Skutch, Alexander F. 1997. Tales of a Naturalist. San José, Costa Rica: Producciones Liliana Halder, S. A.

Skutch, Alexander F. 1997. Merenda: Un Romance en las Selvas del Trópico. San José, Costa Rica: Producciones Liliana Halder, S.A.

Dibujo cortesía de Dana Gardner